El Psicólogo y la psicoterapia

El Psicólogo y la psicoterapia

Psic. Ana Luisa Del Castillo Falconi

Desde que era niña tuve relación con la psicología, esa relación me invito a interesarme seriamente en este campo. Mi mamá trabajaba en la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal en un área donde se requería de la participación de muchos psicólogos, porque se atendían a drogadictos y sus familias. Mis padres a menudo platicaban de qué se podía hacer para prevenir la drogadicción y regularmente salían los psicólogos a relucir, muchas veces participamos en actividades culturales relacionadas a prevenir las adicciones y ahí estaban informando y platicando con las personas dando opciones distintas para los problemas que aquellos consideraban.

Pero cuando empecé a estrechar lazos con esta disciplina fue cuando empecé a tomar psicoterapia; cuando yo tenía 8 años, mi profesora le pidió a mi madre que me llevara a terapia porque mi rendimiento académico era alarmantemente bajo y ella ya no tenía las habilidades necesarias para ayudarme.

En ese entonces observé que los psicólogos eran profesionistas muy interesantes y podían hacer muchas cosas para ayudar a la sociedad; pero conforme fui creciendo, su labor me parecía cada vez más confusa. Noté que estaban en cualquier lado: escuelas, empresas, centros de salud, comercio, medios y hablaban de diversas cosas, de acuerdo con su enfoque y para referirse a lo mismo. Cuando al fin comencé a estudiar la carrera de psicología fue más confuso aún; sin embargo, el tiempo y la experiencia me revelaron finalmente qué estudia un psicólogo y qué hace con exactitud.

Al iniciar un proceso psicoterapéutico con un niño le pregunto ¿sabes que es un psicólogo? Regularmente me dicen que no, entonces comienza la explicación sencilla: “es una persona que estudió para conocer a las personas y con lo que sabe ayuda a las persona sentirse mejor.Por ejemplo, cuando tenemos problemas de salud vamos con el médico, cuando tenemos problemas dentales con un dentista, y cuando tenemos problemas con nuestras emociones o con nuestra familia vamos al psicólogo.”

El objeto de estudio del psicólogo es la psique y todo lo que se le relaciona. La psique es una palabra griega que significa alma humana. El alma es la parte esencial de cada ser humano, es única y está compuesta por nuestra historia, pensamientos, conductas, sentimientos, emociones, deseos, relaciones sociales y familiares, actividades laborales y de pasatiempo; en resumen, es lo que nos hace ser lo que somos. Por lo tanto la psicología estudia desde diversas aristas al ser humano y busca comprenderlo. La finalidad del conocimiento que surge de comprender a la psique, depende del individuo que lo usa como herramienta para lograr fines específicos.

La psicoterapia es una parte de la psicología. Estudia y comprende los problemas humanos y las diferentes formas de resolverlo. Consideramos que es un problema cualquier situación que nos parezca anormal o difícil de resolver por nosotros mismos, incluso quizás llevamos mucho tiempo intentando resolverlo sin éxito. El psicoterapeuta conoce y comprende al ser humano desde todas sus aristas; además comprende los problemas humanos y conoce técnicas que facilitan la resolución de los mismos. De tal forma que al asistir a una psicoterapia buscamos que el psicólogo nos ayude a comprender elporqué de nuestros problemas y la forma de resolverlos definitivamente.

Como psicoterapeuta, desde hace 10 años he visto que los pacientes llega buscando ayuda para resolver sus problemas, entonces iniciamos un proceso único e individualizado de análisis y comprensión de los mismos. En el consultorio se ríe y se llora, nos perdemos y encontramos una y otra vez; y cuando cada paciente, acepta el reto de ser mejores en el ámbito que elijan: como padres de familia, como parejas, con ellos mismos, entonces el camino se enciende delante de ellos.Por un tiempo los acompaño porque es un camino nuevo y cualquier cambio produce temor, pero siempre llega el momento en el que adquieren seguridad y se fortalecen en sus vidas nuevas, esa es la señal que nos indica que el tiempo de la despedida ha llegado: el alta. Regresa cuando sientas que lo necesitas porque la puerta siempre está abierta.

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